Page 3 - Trilogia-Valencia-Barroca-Gotica-y-Modernista
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   l Barroco es un concepto muchas veces mal
interpretado porque nos recuerda la complejidad, el
amontonamiento e incluso el desorden ornamental.
Convendría recordar que las circunstancias históricas
que lo propiciaron nacieron de una necesidad de orden
tras las libertades del Manierismo y precisamente como
vehículo de la realidad hacia todo el pueblo, no sólo a los
intelectuales.

En España, la monarquía y la Iglesia intentaron mitigar
la penosa situación política y económica del siglo XVII
con una imagen de grandiosidad en gran parte efímera
y falsa. Sin embargo, el arte, o mejor, los artistas, sin
apenas posibilidades de contactos exteriores desarrollan
su propia creatividad y dieron paso al Siglo de Oro en la
Pintura y la Escultura, así como en la Literatura.

El siglo XVII en Valencia, como en el resto del país, está
marcado por el influjo del herrerianismo de El Escorial y
la severidad se impone en los edificios religiosos, aunque
se intente incorporar paulatinamente la ampulosidad
grandilocuente del Barroco eclesiástico y monárquico. Así
lo vemos en el Monasterio de San Miguel de los Reyes.

La Pintura es sin embargo la más atendida de las
artes puesto que engalana los interiores de templos
y conventos ya construidos. Se destaca una escuela
de artistas que, como los Ribalta, empieza a valorar el
volumen, la expresión y la tactilidad de la materia aún
dentro de una temática estrictamente religiosa, siendo
seguidos por otros como Espinosa, Orrente, o March. El
caso de José de Ribera, por su vinculación con Nápoles,
queda algo alejado de nuestro entorno, pero siempre será
parte de nuestra tradición pictórica valenciana.

A finales de siglo, la efervescencia ornamental presiona a
mecenas y artistas, de modo que comienza una etapa de
revestimiento de edificios góticos con las galas de una
hojarasca escultórica, a veces completada con bóvedas
al fresco que ayudan a la fantasía visual creada por la
conjunción de todas las artes. Tal es el caso de la Iglesia
de los Santos Juanes o de San Juan del Mercado.

Precisamente al calor de este requerimiento se crea
una producción de extraordinaria calidad practicada por
artistas como Juan Bautista Viñes, Pérez Castiel y Juan
Bautista Mínguez, que trabajan especialmente en las
nuevas “Capillas de la Comunión”, como vemos en la de
la Iglesia de San Nicolás o en el remate y ornamentación
de las antiguas torres, campanarios góticos que, incluso
se sustituyen por nuevos como el caso de la Torre de
Santa Catalina.

El siglo XVIII por el contrario, con la llegada de la dinastía
borbónica, introduce las formas propias del rococó, que
se traducen en los interiores religiosos con profusión
de guirnaldas, estucos y yesos dorados creando un
estilo popular, de armoniosa claridad y amplio colorido,
a los que complementa magníficamente la azulejería de
Manises, de gran tradición en Valencia desde la época
medieval. Un magnífico ejemplo de esta simbiosis artística
lo tenemos en la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar.
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